A veces la vida parece un suicidio luego de mirarlo a los
ojos. Sabe perfectamente cómo acumular vacíos en las pupilas, asustarme…
Lo tengo tristemente abrazado a estas raíces que no existen.
Mi reincidencia en su pelo se convierte poco a poco en un entrenamiento para un
posible récord.
¿Cuándo se acaba lo que aún no ha empezado?
Me enseñó demasiadas veces a retroceder el tiempo con un
dedo. Lo importante es no olvidar que si doblas hacia la izquierda puedes
volver a verla con su pijama y una media luna sobre su espalda.
Acabo de cerrar las cortinas y no encuentro el reloj para
hacer los cambios correspondientes. Tal vez sólo deba aferrarme a una idea
específica y sin remuneraciones: desconozco el futuro y en mi agenda sólo está
su nombre.-
