Me preparo para inaugurar la nueva configuración de mi
memoria. Hace dos veranos que colgué su nombre en ese mural lleno de fotos
junto a la ventana. Recuerdo que era un día par y que andar por la vida sin
zapatos era una buena opción para sentirse libre en mitad de diciembre, con el
sol delineando nuestros párpados. Es comprensible este cambio de página, me
arriesgo a que lo sea con tal de confirmar que alguna vez valió la pena usar la
servilleta del almuerzo como poemario. De no ser aceptable la nueva distribución
de mis recuerdos, dejaré de arañar finiquitos y me rendiré a una sola idea: " te buscaré, recorreré cinco, siete vidas buscándote en otros abrigos, llamando a la puertas a puertas que nunca se abrirán". Mañana, cuando escojas la salida, estaré atada a
todas las maletas posibles, haciendo fuerza con mis pies contra ellas, para no
soltar el equipaje, no dejarlo caer, no volar al rincón nublado de mi mente.
Hace dos veranos, incontables otoños, llamadas perdidas y buzones estancados
que empecé a coleccionar palabras, luego se las decía al oído, como un susurro
antes de dormirse. Sólo quería que soñara. Ahora quiero que me ayude a
despertar de las antiguas estaciones y las playas nevadas. Me preparo a romper
con mi memoria. Y no le regalo una flor porque las murallas no acaban de
derribarse

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